Enrique Ortiz. Presidente de HIC
Liliana Rainero. Red Mujer y Hábitat
PRONUNCIAMIENTO POR EL DÍA MUNDIAL DEL HÁBITAT 2005
El derecho de todos a un lugar seguro donde vivir en paz y con dignidad -eje estratégico de la Campaña Mundial por el Derecho a la Vivienda impulsada por HIC en los años 90- alcanza hoy mayor complejidad y nuevas dimensiones ante los graves impactos de la globalización económica y las políticas neoliberales que la impulsan.
La utopía perversa del crecimiento y la acumulación infinitas operan dentro de su propia lógica sin miramiento alguno respecto a la naturaleza de los seres humanos. Pareciera una carrera ciega contra la vida y hacia la autodestrucción.
La desigualdad, entre y a lo interno de las naciones, y el empobrecimiento crecientes afectan ya no sólo a los países pobres sino incluso a los más desarrollados y está atrás de los múltiples problemas que impactan en los diversos campos de la actividad humana.
Estos impactos, aunados a la transformación de los bienes comunes que garantizan la vida en el planeta -la tierra, el agua y hasta el aire- en mercancías sujetas al juego libre del mercado, afectan centralmente el campo del hábitat humano generando condiciones de vida cada vez más precarias en los asentamientos urbanos y rurales.
DÍA MUNDIAL DEL HÁBITAT
2 de octubre de 2005.
Desde CISCSA -Coordinación de la Red Mujer y Hábitat para América Latina y El Caribe- queremos hacer un breve pronunciamiento en el Día Mundial del Hábitat, que Naciones Unidas convoca para celebrarlo bajo el lema La ciudad y los objetivos del milenio.
Una de las metas fundamentales de los objetivos del milenio es reducir la pobreza y la población que vive en el mundo en asentamientos precarios sin la tenencia segura de vivienda y acceso a servicios básicos. Sin embargo, sabemos que el modelo económico causal de las profundas desigualdades sociales, y cuyas consecuencias son la carencia de un hábitat digno, no ha sido cuestionada por los países que se comprometen con los objetivos del milenio: prevalecen las injustas reglas de comercio internacional, la falta de control de capitales, el poder de los organismos financiadores. Este es el contexto dentro del cual los países más pobres tienen ante sí el desafío de efectivizar las metas del milenio y fundamentalmente los Derechos Económicos Sociales y Culturales con los cuales los gobiernos se han comprometido, y sin los cuales la democracia de nuestros países se ve profundamente debilitada.
Debemos ser críticos frente a las ya reducidas metas del milenio, no obstante es posible considerarlas como una herramienta más para exigir a los gobiernos del mundo el cumplimiento de compromisos que implican una distribución más equitativa de la riqueza entre países pobres y ricos y al interior de cada uno de nuestros países. A los gobiernos locales, es necesario exigir priorizar inversiones en el territorio de nuestras ciudades que favorezcan a la ciudadanía en su conjunto y en particular a los sectores que viven en condiciones de vida más vulnerable.
Desde las organizaciones de mujeres queremos en este día recordar y reafirmar el aporte histórico de las mismas a la construcción de los
asentamientos humanos, al trabajo comunitario que realizan sin remuneración paliando las crisis económicas de los países de la región, al mismo tiempo que no tienen representación en los ámbitos de decisión de las políticas públicas habitacionales y territoriales que afectan la vida cotidiana de todos y todas. La planificación de nuestras sociedades no responde a la nueva realidad de las relaciones de género. Las mujeres asumen hoy simultáneamente el trabajo en el ámbito privado y público, en tanto la división sexual del trabajo
persista como base de nuestras sociedades esto plantea requerimientos específicos respecto a las políticas públicas habitacionales que aseguren además del techo, el cuidado de niños, ancianos, transporte público, servicios en general. El acceso a créditos y subsidios para los sectores empobrecidos, y en especial para las mujeres, se hace cada vez más dificultoso por no cumplir con los criterios de elegibilidad para los mismos. La violencia de género en las ciudades, debe ser considerada una responsabilidad política de los gobiernos y de la sociedad y requiere ser incorporada en las políticas de seguridad ciudadana; la violencia hacia las mujeres de la que dan cuenta las estadísticas de todos los países, es un limitante para la apropiación de la ciudad por parte de las mujeres y su participación como ciudadanas plenas.
El derecho a un hábitat incluyente y digno es un derecho humano, la participación activa de la ciudadanía y la voz de las mujeres en los ámbitos de decisión, es una condición imprescindible para hacer efectiva la democratización de la ciudad.
Liliana Rainero, responsable y Equipo de CISCSA.
P/ CISCSA -Coordinación de la Red Mujer y Hábitat LAC-
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